anomia digital

Anomia digital

Así termina uno de los “hilos” de Twitter más exitosos a nivel de difusión y de reacciones. Para aquellas personas que no sepan qué es un hilo o que hayan invertido su tiempo en algo más provechoso, es una historia de ficción narrada por su protagonista, que empieza en un hotel de Alcúdia (Mallorca), y que para algunos es literatura. Gracias al eco de las redes y la difusión en unos medios digitales escuálidos de noticias en pleno agosto, se ha amplificado su contenido, se ha convertido en noticia el incesante crecimiento de seguidores del autor, y otras organizaciones han intentado aprovechar el rebufo para aumentar sus impactos, entrando en el hilo.

Uno de los elementos que me parecieron más icónicos, ha sido la presencia de un doppelgänger, elemento presente en series modernas como Lost o la tercera temporada de Twin Peaks, y que guarda mucha relación con nuestra presencia en Internet. No es obligatorio creer todo, ni a todos en Internet. Y mucho menos cuando lo que sobresale de la masa que participa de las redes es una anomia que desvirtúa el objetivo principal de estos canales. Hoy parece que lo que más destaque en las redes como Facebook y Twitter, sea la crispación.

Lo fácil es tomar la parte por el todo, y generalizar, pensar que todo Twitter es así. Pero eso es pervertir la realidad, mostrar apenas una cara, la cara de un grupo de personas que se mueve, frente a las caras invisibles de quienes no se mueven, ni gritan, ni tienen por qué reaccionar. Las redes son herramientas, y las personas somos quienes las maleamos y moldeamos.

Dando un vistazo a algunas reacciones a los tuits de Bartual, como los comentarios que pueden leerse a diario en ciertos digitales, casi podríamos pedir que cierren Internet porque está plagada de gente enferma. Alguna hay, aunque sea por simple estadística. Pero lo más destacable es esa anomia digital que campa a sus anchas y hacer perder cientos de millones de minutos en responder a acusaciones, insultos, rumores o amenazas; basta con visitar páginas de recogidas de firmas o buscar en medios digitales, para leer verdaderas atrocidades publicadas por particulares tras los atentados de Cataluña. Quienes gestionan perfiles de medios, de instituciones o de partidos, conocen muy bien esta anomia. En mi caso, depende del tipo de usuario opto por cansarlo o por ignorarlo, pues hay gente que únicamente busca el placer de que le vean desafiar a una institución, tratarla de tú y despreciarla. Una anomia ácrata que antes quedaba en el taxi o en la barra del bar, pero que hoy cuesta tiempo de trabajadores públicos y, por tanto, dinero a los contribuyentes, entre quienes se encuentran ellos mismos.

El pasado viernes vi esta viñeta en Twitter y me pareció un resumen perfecto del momento actual:

Merece la pena pensar en la ejemplaridad que dan personajes públicos, en el carácter que imprimen a las redes y que luego es emulado consciente o inconscientemente por muchas personas. Por ejemplo, la actitud del presidente Trump o de algunos diputados españoles en las redes con los discrepantes, difuminando los límites de la netiqueta y de lo políticamente correcto. Si ellos pueden, ¿por qué no iba a poder yo?

Termino con otra pregunta, que desde hace semanas me ronda la cabeza y quería compartir con Ustedes: ¿creen que podría ascender hoy un senador negro en los EUA hasta alzarse con la nominación y ganar una presidencia?

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