Ciao, Facebook

  • 20/05/2018
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Las redes son instrumentos, no son buenas o malas per se, salvo que actúen movidas con unos fines concretos, como potenciar la participación en unas elecciones o poseer información del mayor número de personas posible. Antes del escándalo de Cambridge Analytica y la cesión de datos de usuarios por parte de Facebook (que dio lugar a una campaña de abandono masivo, el #Facexit), la red llevaba tiempo en entredicho, no tanto por su carácter de herramienta, sino por las decisiones de política interna de sus responsables. La salida a bolsa, el mimetismo al introducir aplicaciones idénticas a las de otras redes sociales, la compra de Whatsapp o Instagram, fueron muestras evidentes de la política empresarial de los chicos y chicas de Zuckerberg.

Hace diez años comenzó la era de las redes, y ha tenido una vida larga y próspera. Han surgido nichos laborales, han cambiado nuestros hábitos y han determinado los usos que damos a dispositivos como el móvil. La exposición y la visibilidad han sido actualizados a las nuevas herramientas, y ha habido no pocos casos de disonancia, escándalos, nacimiento y muerte de la burbuja de la influencia y tantas otras peculiaridades.

ciao facebook

Hace meses que intentaba justificar el mantenimiento de mi perfil en Facebook; cerré hace años el perfil más personal y hasta ahora mantenía uno con fines profesionales, en el que he ido reduciendo el número de publicaciones e interacciones. Hace poco se modificó de nuevo el algoritmo, de un modo similar a lo que ya ocurría con las páginas, donde el alcance se paga (a un precio bajo, eso sí). Cuando daba clase afirmaba que Facebook es un directorio de clientes potenciales, donde la gente regala información. Hoy no cambiaría ni una coma.

Pero no me interesa seguir como cliente potencial allí. Las interacciones sociales más personales serán un coste de oportunidad fácilmente asumible y prefiero no pertenecer a esa red. No son pocos los conocidos que me han comentado que cada vez más gente abandona Facebook, y así el próximo 1 de junio desactivaré mi perfil.

Recuerdo que en 2015 tuiteé que me preguntaba cuántos medios de comunicación y redes seguirían abiertos en las siguientes elecciones. Todos se adaptan a los nuevos tiempos, y por suerte los usuarios aún tenemos derecho a elegir -Black Mirror mediante- si queremos formar parte de una herramienta o no, aunque una vez aceptadas sus condiciones, es difícil desvincularse totalmente porque disponen de nuestra información, metadatos, fotografías y quién sabe cuántos archivos generados sin que lo sepamos. Basta consultar los permisos de las apps de nuestro móvil para ver cuántas tienen permiso para tomarnos fotografías o grabarnos en audio sin requerir autorización.

En tiempos de postverdad, fake news y demás postmodernismos, voy a poner una medida profiláctica bien sencilla, barata y sobre todo saludable.

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