Dahl y los caminos de la democracia

  • 09/02/2014
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«La mayoría de la gente nunca consintió en ser gobernada por quines se pretendían sus superiores; fue forzada a serlo. Esta concepción y práctica más antigua de ninguna manera ha desaparecido, ni siquiera en nuestros días. De una u otra forma, la disputa sobre el gobierno de “uno, unos pocos, o muchos” está aún con nosotros»

El miércoles 5 de febrero fallecía el politólogo Robert A. Dahl, pensador de la democracia y uno de los científicos sociales más relevantes del siglo XX. Obras tan significativas como La poliarquía, La democracia y sus críticos o La democracia, son fundamentales para comprender los sistemas políticos occidentales.

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La democracia y sus ventajas

Esta última obra, La democracia, contiene los fundamentos históricos, políticos y morales de este sistema político, que es también un conjunto de valores éticos y morales. El propio Dahl reconoció que «democracia» ha significado muchas cosas distintas para gente diferente en diversas épocas y lugares.

En atención a la democracia moderna, Dahl señala que las principales ventajas que presenta frente a otros sistemas políticos son las siguientes:

1. Ayuda a evitar el gobierno de autócratas crueles y depravados.

2. Garantiza a sus ciudadanos una cantidad de derechos fundamentales que los gobiernos no democráticos ni garantizan, ni pueden garantizar.

3. Asegura a sus ciudadanos un mayor ámbito de libertad personal que cualquier otra alternativa.

4. Ayuda a las personas a proteger sus propios intereses fundamentales.

5. Solo un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para que las personas ejerzan la libertad de autodetermiarse, de vivir bajo las leyes de su propia elección.

6. Solo un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para ejercer la responsabilidad moral.

7. La democracia promueve el desarrollo humano más plenamente que cualquier otra alternativa factible.

8. Solo un gobierno democrático puede fundamentar un grado relativamente alto de igualdad política. A lo largo del libro, reconoce que la «desigualdad, no la igualdad, parece ser la condición natural de la humanidad».

9. Las democracias representativas modernas no se hacen la guerra entre sí.

10. Los países con gobiernos democráticos tienen a ser más prósperos que los países con gobiernos no democráticos.

Sin duda, debemos establecer una relación directa con nuestro sistema democrático actual, para comprobar que aún queda mucho camino por recorrer. Pero lejos del pesimismo que podríamos profesar, Dahl reconoce que «ningún Estado ha contado nunca con un gobierno que haya estado completamente a la altura de los criterios de un proceso democrático. No parece que ninguno lo consiga».

De la teoría a la práctica

Cuando se trata de llevar a la práctica democracias a gran escala, Dahl fija seis características básicas que deben cumplirse para poder hablar de democracia.

1. Cargos públicos electos.

2. Elecciones libres, imparciales y frecuentes.

3. Libertad de expresión, en el sentido de tener derecho a escuchar y a ser escuchado.

4. Fuentes alternativas de información.

5. Autonomía de las asociaciones.

6. Ciudadanía inclusiva.

La libertad de expresión y el derecho a la información son fundamentales en el pensamiento de Dahl, cuyos fragmentos recuerdan en ocasiones a otros pensadores ilustres de siglos pasados. Por ejemplo, nombra en varias páginas a Thomas Jefferson, que merece la pena recordar en este momento:

Las gentes no siempre pueden estar bien informadas en su totalidad. La parte que no lo está se sentirá descontenta, en proporción a la importancia de los hechos que juzga erróneamente. Si en tales circunstancias no protesta es un letargo, anuncio de una muerte para la libertad pública.

Carta al Coronel Smith. París, 13 de octubre de 1787

Y decidme finalmente si la paz se preserva mejor dando energía al gobierno o información al pueblo. Esto último es el más seguro y más legítimo mecanismo de gobierno. Escuchad e informad a la masa del pueblo en su totalidad. Hacedles ver que les interesa preservar la paz y el orden, y los preservarán. Y para convencerlos de ello no es necesario tampoco un alto grado de educación. El pueblo es el único baluarte seguro para la preservación de nuestra libertad.

Carta a James Madison. París, 20 de diciembre de 1787

Mejores gobiernos para una mejor democracia

Para no extendernos más, hay que destacar que Dahl se preocupó de mejorar los gobiernos como forma de mejorar la democracia. Así, escribió que para gobernar bien un Estado (o un país, una región), hace falta algo más que conocimiento: es necesaria también la incorruptibilidad, una firme resistencia a todas las enormes tentaciones del poder, una continua e inflexible dedicación al bien público, más que a los beneficios para uno mismo o para el propio grupo.

Irónicamente, ese mecanismo de transmisión de información básico que es la prensa, nos da sobradas muestras del largo camino que todavía queda por recorrer, y de los pasos hacia atrás que padecemos en legislaturas como la actual.

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