Elogio de quien rema | Eli Gallardo
elogio de quien rema

Elogio de quien rema

  • 17/03/2017
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Una de las metáforas más manidas que recuerdo, es la de remar como el impulso para hacer o mover algo.

Ir en el mismo barco, remar todos a una o contra viento y marea, son sólo tres de las alusiones que se me ocurren, de las muchas que seguramente hay. En algún momento de la vida, todos hemos sido remeros; al menos, de nuestro ciclo vital, somos los principales impulsores. En proyectos más o menos diseñados, como una empresa, una legislatura o una familia, hay remeros. No es tan simple como que unos carden la lana y otros críen la fama; a veces hay turnos y hay más de un remero, igual que hay diferentes facetas en un mismo proyecto.

La gente entre bambalinas, los que trabajamos detrás de quienes se ven, somos en muchos aspectos remeros. A veces también nos comparo con los porteros, sobre todo porque cuando el equipo gana, es gracias al trabajo de todos, pero cuando pierde, gran parte de la culpa es del portero. No sé si les ha pasado alguna vez.

En cualquier proyecto, no sólo políticos sino empresariales o cualquier evento que se quiera organizar, el pasaje de la embarcación se distingue entre quienes no quieren remar porque ya están a bordo, y quienes reman sin descanso, aunque ya haya remeros que cumplen esa función. Es decir, entre quienes deciden que la corriente les lleve, y quienes tienen claro el punto de destino y se afanan en llegar antes, más seguros y todos a la vez.

Aquí hay un punto clave: todos a la vez. Los free riders, los polizontes o “gorrones”, como creo haber leído en algún manual cuando estudiaba, son reales. Mucho. Hay un proyecto común, un trayecto y un trabajo a hacer, que distingue a quienes son parte activa y quienes son la pasiva. Al final todos llegamos al mismo sitio, unos más cansados que otros.

No creo en la pereza. Recuerdo que en una acampada en Lluc (Escorca, Mallorca), con 12 ó 13 años, salimos de noche para hacer el recorrido de los Misteris. Algunos compañeros decían tener miedo, y un monitor nos dijo “¿De qué color es el miedo? ¡No existe el miedo!”. Le quise responder que la seguridad tampoco tiene color, pero preferí callarme porque perdería más de lo que ganaría. A veces me pregunto de qué color es la pereza. No le pongo color, pero sí cara. Como a la vanidad. A veces tiene muchas caras.

Desde aquí mi admiración y respeto a quienes reman, sea ese su rol en la embarcación o no. Llevar a todo el pasaje a puerto es encomiable, sobre todo cuando una parte de éste, es peso muerto.

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