Proyecciones tópicas | Eli Gallardo

Proyecciones tópicas

  • 01/03/2015
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Hace unos días, una clienta me habló efusivamente de un asesor que gestionaba la campaña de un candidato municipal. «Este tipo es tan bueno que debería estar en Madrid», dijo mientras asentía, como dándose la razón a sí misma. No dije nada, porque soy amigo personal del tipo y estaba de acuerdo en todo, salvo en que debiera estar en Madrid.

A medida que conoces a más gente en el terreno de las campañas electorales, ves que hay ciertos tópicos que nunca fallan, y que las redes sociales ayudan a acentuar. Hay gente que es muy buena para otra gente porque salen en televisión y cobran mucho, aunque solo hablen de obviedades, sin ninguna pericia técnica. Hay otros que envían invitaciones postales de sus cursos de especialización, con una amalgama de nombres famosos, sin conexión alguna en el temario, ni con el propio título de los cursos. Y luego hay quienes creen que vivir y ejercer en Madrid o Barcelona es síntoma de calidad. Y no es necesariamente así.

Exposición y visibilidad

Para empezar, siempre me gusta partir de la premisa de que uno puede hacerse visible sin tener que exponerse públicamente y sin prescindir de su privacidad. En ocasiones la causa de esa exposición es el puro egocentrismo; en otras, la pura desesperación. Hay otras situaciones, en cambio, en las que un profesional mide muy bien qué dice, cuándo y dónde, y solo te dejan ver lo que quieren o lo que les conviene en cada momento.

Sea como fuere, resulta impactante ver que la proyección de ciertas personalidades en las redes sociales es un arma de doble filo, pues las relaciones públicas virtuales son un mundo aparte, y la profesionalidad real, otro. Es más, cada vez un cliente me da su opinión sobre un asesor que conozco por las redes, y me responden decepcionados, creo menos en el humo que se vende también en Social Media, y me pregunto por qué nadie critica a los vendehumos públicamente. Las relaciones públicas, claro.

Chema Madoz pluma cristal

Es por ello que en numerosas ocasiones, en los cursos de formación que imparto, les explico a los emprendedores que no se preocupen tanto por el número de seguidores, como por tener clientes y que éstos acaben satisfechos, pues será buen indicador si el volumen de trabajo es tal que no pueden dedicarle demasiadas horas al día a publicar en las redes.

Proyecciones tópicas

Es evidente que en las organizaciones centralizadas, trabajar en el núcleo es indicativo de calidad. Sin embargo, como en toda organización, debe existir una descentralización suficiente -sea como delegación o incluso por franquiciado-, que permita tener a dirigentes muy potentes en diferentes puntos estratégicos. Utilizar esas delegaciones como cantera, para después vaciarlas en favor del núcleo, es un error. De ahí que no respondiera a mi clienta cuando me dijo que el asesor debería estar en Madrid, como si aquí o allí no necesitasen a gente buena y preparada. No es la primera vez que me hablan bien de ese asesor, que me ha dicho personalmente que la oferta debería ser muy buena para marcharse de Mallorca, pues está a punto de ser padre y sus prioridades ahora son muy diferentes a las de hace solo un año y medio, cuando entró en el mercado de la asesoría política.

Recuerdo que durante sus primeros meses de trabajo me comentó lo difícil que era abrirse camino sin un chiringuito, sin un apellido conocido y sin un padrino. De hecho, llegó a decirme que había dejado de recibir interacciones en las redes sociales por parte de gente que otrora sí le comentaba sus publicaciones, como si ahora él fuese una amenaza para aquéllos, no tanto dentro como fuera de las redes sociales, donde las relaciones públicas son algo más laxas. Le pregunté entonces si pensaba en marcharse a Madrid, y me dijo que tal vez, pero que si aquí no tenía padrinos, allí iba a ser aún más difícil.

Hace unos días, mientras hablábamos por Whatsapp, me compartió una noticia en la que contaban con su opinión, junto a un presentador de televisión conocido, y un profesor de Ciencia Política de Madrid. Le di la enhorabuena, y le pregunté si esa gente que antes le comentaba las publicaciones, e incluso le mandaban abrazos virtuales, le habían dado algún feedback del artículo, y me dijo que no, como se había vuelto costumbre. Pero que ese día una de sus clientas le había hablado muy bien del trabajo de un asesor político que llevaba poco tiempo ejerciendo, pero que debería estar en Madrid, y me preguntó si lo conocía, porque solo tiene 3.7K seguidores en Twitter, suele decir lo que piensa y no tiene un chiringuito, ni un apellido conocido, ni un padrino.

Porque el mundo es un pañuelo y fuera de cámaras, de redes sociales y de relaciones públicas 2.0, lo importante son los resultados y los clientes satisfechos, sea aquí o en Madrid. Al menos eso es lo que me dijo mi amigo el asesor.

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