La propuesta de reforma electoral, a debate

La precampaña electoral para las autonómicas y municipales de 2015 ya está oficialmente en marcha. Y en este marco tan simbólico, el Partido Popular (PP) ha lanzado un globo sonda, adornado con las palabras “regeneración democrática”, para entrar directamente en el núcleo etimológico de las demandas sociales. Sin embargo, una vez retirado el envoltorio del paquete de medidas, se torna evidente que la regeneración no es más que una falacia, un juego retórico, herestético.

El pasado 26 de septiembre, se celebró una mesa redonda en el Club Diario de Mallorca, con representantes de PP, PSIB-PSOE, MÉS per Mallorca y Esquerra Unida. El Secretario General del PP de Mallorca, Miquel Vidal, sostuvo que no hay más propuesta que el diálogo. Sin embargo, en los medios ha trascendido una posible reforma aritmética de los criterios de representación electoral, según el cual se otorgaría un “bonus” al partido que obtuviera más del 40% de los votos, agregándole los puntos (y concejales) necesarios para que llegue al 51%.

Participación en el Consell de Política Municipal del PSIB-PSOE

La Federación Socialista de Mallorca tuvo la amabilidad de invitarme como politólogo y asesor político independiente, para tratar esta posible reforma electoral, en su Consell de Política Municipal, celebrada el sábado 27 de septiembre. Desde este espacio quisiera agradecer su amabilidad y buen trato en todo momento.

Tras una interesantísima ponencia del sociólogo Ignacio Urquizu, y la intervención del alcalde de Algaida, Xisco Miralles, traté este tema en dos bloques diferentes:

1. Crítica a las variables formales

Mi intervención comenzaba con dos citas que creo muy adecuadas para el tema.

En primer lugar, Joan Oliver afirma: «Las normas electorales son cualquier cosa menos inocentes, un cambio insignificante en algún elemento puede favorecer a unas fuerzas y perjudicar a otras, y de esto son bien conscientes los partidos políticos. La mayoría de las reformas electorales esconden, bajo argumentos de técnica jurídica, motivaciones políticas a veces poco confesables» (ver Revista de Derecho Político, 73, 2008).

Sobre la herestética, acuñada por Riker, Toni Rodon escribió que es «la manipulación de los gustos y alternativas en las que las decisiones se toman, así como la estructura objetiva que aparece a los participantes. Es, en definitiva, un estudio de la estrategia de decisión» (ver Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 126, 2009).

La “elección directa de alcaldes” es una falacia herestética. En primer lugar, porque según su planteamiento no se elige directamente a ninguna persona (a diferencia de otros sistemas municipales europeos), y en segundo, porque sobrerrepresenta (por exceso) a un partido, a una lista, manipulando la aritmética electoral. Se trata de una trampa del lenguaje que ya ha atrapado a los medios. De hecho, tomada en abstracto, esta propuesta sería inconstitucional porque vulneraría el principio de una persona, un voto, al otorgar un mayor peso relativo a los votos emitidos hacia la lista más votada, y “valdrían” más que el resto de votos.

Por otro lado, y como recordó un diputado socialista en el Club Diario de Mallorca, Duverger puso de relieve la relación entre el sistema electoral y el sistema de partidos. En mi ponencia añadí que, como sostiene Josep Maria Colomer, son los partidos quienes eligen el sistema electoral (o la ley de Duverger cabeza abajo). Sobre esto, es muy interesante leer a Dieter Nohlen en su artículo «Controversias sobre sistemas electorales y sus efectos», en Revista Española de Ciencia Política, 31 (2013).

A continuación recojo los 5 puntos principales de este bloque:

1. Sistemas de gobierno y sus sistemas electorales. Las atribuciones de los alcaldes y sua competencias hacen que pueda hablarse de un cierto “presidencialismo” a nivel municipal. Ateniéndonos a otros sistemas europeos, una de las reformas más plausibles y adecuadas sería llevar el sistema de doble voto a los municipios: votar las listas y votar la persona del alcalde. El peligro de la cohabitación debería tenerse en cuenta.

2. Municipios y división administrativa del Estado. Tras las reformas legislativas del gobierno, los municipios disponen de menos recursos y competencias, pese a que el artículo 75.6 del EAIB recoja la posible delegación de competencias por parte de los Consells Insulars. De hecho, la participación electoral autonómica es levemente superior que la municipal (medio punto porcentual en 2007 y 2011), aunque sea la administración más cercana.

3. Voto dividido. La existencia de partidos municipales es uno de los factores que fragmentan el voto municipal, pero también la posible división del voto, esto es, votar a un partido diferente en las autonómicas que en las municipales.

Así, en 2011, el PP tuvo 5.659 votos más en las elecciones autonómicas que en las municipales (recordemos la presencia de Lliga Regionalista o Convergència per les Illes, tras la desaparición de UM), y el PSIB consiguió 2.099 votos más en autonómicas que en municipales.

4. Concepción de “primera vuelta de las generales”. Aunque soy muy crítico con este enfoque, la ignorancia supina de algunos periodistas de política y la propia estrategia de asimilación por parte de los propios interesados, hacen que una parte del voto apoye o castigue a los partidos de ámbito estatal. De esta forma, el éxito o fracaso de la reforma puede afectar al voto del PP o beneficiar al PSOE, en función de cómo se enfoque la reacción.

5. Autonomía de las coaliciones. Ya Hans Kelsen defendió de forma sólida la posibilidad de editar coaliciones para garantizar la gobernabilidad. Hoy la experiencia de algunas coaliciones controvertidas sirven como acicate para estigmatizar cualquier tipo de pacto gubernamental; así, por ejemplo, en el debate político es frecuente recurrir al Pacte de Progrés como estigma de inestabilidad.

La sobrerrepresentación que supondría la reforma “a la italiana” impediría el libre juego de negociaciones postelectorales y obligaría a la edición de alianzas preelectorales, que siempre obtienen menos votos que las candidaturas por separado.

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2. Herestética y mediatización

En este bloque quise tratar las consecuencias materiales y mediáticas de la propuesta abstracta del PP, y lo estructuré también en 5 puntos.

1. El nombre de la cosa. Oponerse a esta reforma se ha vendido como oponerse a la regeneración democrática y la elección directa de alcaldes. Incluso el PP argumenta que el PSOE llevaba esta propuesta en su programa, sin que sea cierto. La propuesta de los socialdemócratas se basaba en una elección de candidato en una doble vuelta, mientras que la propuesta conservadora “alambica” al candidato desde una lista.

2. Fragmentar para que todo siga igual. Qué mejor que desgastar con un debate herestético y fragmentar a una izquierda ya heterogénea, para que sea imposible, ceteris paribus, editar coaliciones. Sin embargo, el debate sobre la retirada del proyecto de ley del aborto y la aparición de formaciones a la derecha en el espectro ideológico, pueden fragmentar también a los conservadores. De aquí el criterio de oportunidad política de esta propuesta municipal.

3. No existe un frente común con una propuesta alternativa. La reforma propuesta por PSOE en 1998 y por UPyD en 2011, por citar solo dos ejemplos, podrían formularse de manera complementaria y encabezar una reforma con animus de consenso. Es posible que por parte de la formación magenta una de las condiciones fuera rebajar la barrera electoral, del 5% al 3%.

4. Efecto boomerang. El PP puede ser víctima del desgaste mediático de este debate, y hacer que otras fuerzas alcancen el 40%, si durante la campaña se consigue concentrar voto y conseguir un apoyo electoral suficiente para invalidad esta modificación electoral. Sin embargo, también cabe plantearse si el PP quiere concebir las próximas autonómicas/municipales como una catarsis, para concentrar todo su voto de castigo antes de las generales.

5. Encuadre de medidas propuestas por el PP. Todas las ideas vendidas por el PP para calibrar su apoyo social, han tratado de pervertir la representatividad (reducción de diputados, sin corregir el sistema) o la proporcionalidad (introducción de criterios mayoritarios, en Comunitat Valenciana).

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