Estos días se habla mucho de cómo será la fotografía de la manifestación contra los indultos del Ejecutivo, quién asistirá y quién no. Contar las ausencias, en lugar de las presencias, es algo así como el colofón del fracaso, como una foto en negativo. Me recuerda al argumento de la mayoría silenciosa y demás argumentos políticos marca ACME, de los que hablamos en otra ocasión.

En la época de la inmediatez, de las redes sociales y de los vídeos virales, las fotografías estáticas siguen teniendo una relevancia, gracias a los medios digitales en las que se alojan y que ilustran noticias, columnas y demás. Hoy, una foto puede repetirse hasta la saciedad, también gracias a los memes.

Sin embargo, y si me lo permiten, voy a hacerles una confesión personal. Desde hace un tiempo, siento que he generado un filtro a las fotografías en las que hay representantes, autoridades y otros políticos en general. Debió suceder junto a la implantación de las mascarillas, pero debo reconocerles que mi cerebro descarta detenerse a mirar políticos posando, como me ocurre con las noticias de sucesos o con los anuncios a través de pop-ups.

Tina Modotti – Manos del titiritero

Quienes me conocen, sea en persona, sea en redes, saben que me gusta la fotografía, mucho. He trabajado en comunicación para instituciones y me ha tocado hacer y retocar muchas imágenes. He conocido a políticos enfocados únicamente en la punta del iceberg, en mostrar al mundo que estuvo en ese momento y ese lugar, sosteniendo un cartel, mirando un plano o simplemente de pie como un palo esperando a la foto. Antes podía dedicar un tiempo a buscar quién había asistido a cierto acto, ver quiénes posaban ante un photocall o recorrer galerías de medios y perfiles en redes. Hoy, mi filtro me lo impide.

No hablo sólo del hecho de que algunos partidos jueguen a la dualidad de la foto institucional y la posterior foto en la que sólo aparecen los compañeros de partido, algo tan normal como pueril, aunque no tanto cuando se hace con recursos públicos. Ya no hablo de recortar fotos en las que aparecen autoridades superiores, pues no merece la pena ni comentarlo, aunque lo he visto más de lo que desearía. Creo que todo esto es efecto de acumular tantos impactos de fotografías tan iguales, tan innecesarias y que he conocido a personas tan enfocadas únicamente en figurar en la foto, que mi cerebro ya ha creado un filtro al estilo Black Mirror, en el que sólo leo el texto de la noticia, y no recibo el impacto de la imagen, como si hubiera un recuadro en blanco y no personas posando.

Mientras tanto, hordas de jóvenes (y no tan jóvenes) promesas hablan en redes de la importancia de Twitch, de la brecha de lenguajes y códigos entre generaciones, de las nuevas presencias online o de teorías de campañas innovadoras, en relación directa con las personal campaigns.

En definitiva, hablan de la posibilidad de poner voz y movimientos a esas personas estáticas de las fotografías, que hoy tienen más mecanismos que nunca para llegar a los votantes-consumidores, pero que siguen sosteniendo carteles, que han aprendido a posar y a buscar cómo colarse en los planos generales, ahora tras una máscara, y que siguen pegándose codazos para aparecer cerca del centro de la foto, reforzando aún más ese filtro a lo Black Mirror, que tan bien sienta y que tanta paz ofrece.


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