Viene de La era (no sólo mediática) de los politólogos

(1) Hace casi siete años, publiqué el post enlazado arriba, en el que trataba de explicarme y de comprender la relación entre los profesionales de esto de la politología y el poder, fuese el poder público o el poder mediático.

Hoy, tras varias experiencias en ambos escenarios (el mediático y el institucional), viendo cómo evolucionan los ciclos, creo que ya podemos decir que la presencia de politólogos en ejecutivos y gabinetes de comunicación está consolidada: hemos llegado para quedarnos.

(2) Cuando monté Maspolitologia, una de las primeras publicaciones que hice en redes fue lanzar una encuesta, preguntando si nuestro papel tenía que ser mediático o si nuestro escenario natural estaba en gabinetes de estrategia y de comunicación, no como actores sino asesores. Las opiniones fueron dispares, y la realidad nos ha traído a un momento dulce, tanto a nivel institucional como mediático.

(3) Ya no consumo programas de televisión generalista y me pierdo entre los opinadores de moda, pero por lo que me llega en las redes, veo que vivimos un momento en el que una de las propuestas de valor de los espacios de debate es contar con científicos sociales y no con periodistas que opinan. Que sean personas dirigidas por partidos o defiendan una postura concreta y definida de forma partidista, es tema para otro post.

(4) En este impasse (que creo que ya hemos superado), existen lógicas reticencias a perder el valor simbólico que otrora tenían los periodistas, no tanto por lo que sabían o contaban, sino por los contactos y los cargos que podían llegar a ocupar.

De hecho, hay periodistas que hoy ocupan cargos de asesores, que ayudaban más a sus partidos publicando columnas y artículos sesgados, que a través de su labor de asesoría, especialmente aquellos que no conocen los nuevos canales, las nuevas dinámicas y difusión multicanal de mensajes, pues su know how es el de otra época, otros públicos y otros escenarios. De ahí que puedan verse verdaderos desastres comunicacionales al dar rienda suelta a ciertas fobias, y que perjudican no sólo a la persona, sino también a la organización que les da trabajo.

(5) Pero si el primer paso fueron los gabinetes, la última reforma del Govern catalán muestra un refuerzo y un auge de los profesionales de la Ciencia Política en la gestión pública.

Desde el Ejecutivo central, pasando por el catalán o el valenciano, han contado con politólogos y sociólogos del mundo académico al frente de carteras, que han dado valor -simbólico y efectivo- a una profesión que no existe, sino que, como comenté en un post anterior, uno se hace politólogo para ser otra cosa.

Sea como fuere, es una época de contrastes muy interesantes, redefinición de roles, escenarios y donde uno no se define por lo que estudió o lo que sabe, sino por lo que es capaz de decidir, coordinar y negociar. Y en eso, los politólogos tenemos mucho que decir y demostrar.  


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